
Me agobia el sentirme analizada continuamente.
Fin. Ya vale. Me siento como quiero. ¿Qué más da? Es muy fácil dejar a la gente tranquila, incluso a ti mismo. La necesidad de pensarlo todo, de reflexionarlo todo, a veces, me asfixia. El medir mis comportamientos con papel milimetrado, pendiente de si estoy respirando de la forma correcta.
Evadirme por un momento, y soñar. Soñar que estoy libre de culpas, de responsabilidades. Pero cuando despierto, miles de ojos vuelven a dedicarme su mirada, y veo reflejado en ellos todo lo que esperan de mí. Otra vez todo se complica. Vive, y lo que tenga que ser será.
¿Por qué tenemos que pasar exámenes continuamente? Exámenes de conocimiento, de comportamiento, de capacidad. ¿Estás preparado? ¿Lo estás? ¿Lo estás? Estoy y ya está. Estoy aquí, y como tenga que ser, será.
Cerraré los ojos cuando ME APETEZCA, y sonreiré. Seré feliz.
“Contra toda vuestra presión, ilusión e imaginación”


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